domingo, 5 de abril de 2009

Una vida tras tres ciudades

Esta es una biografía totalmente nueva porque la primera fue un completo desastre. Espero poderla hacer más interesante, más directa, más sencilla y sobretodo corta. Nací en Bogotá hace exactamente 19 años y de eso estoy orgulloso, de ser “rolo”, pero hoy en día estoy más contento de vivir aquí en Medellín.

Cuando era pequeño era insoportable, eso dicen los que me daban de comer, y eso condujo a un constante cambio de colegios y por otro lado, y eso si no era mi culpa, a un constante cambio de hogar. Pero mejor saltémonos la aburrida historia del niño chiquito, el papa, la mama y el hermanito. Mejor pasemos a los sucesos importantes, al fin y al cabo casi todos los niños vivimos igual: entre juegos, televisión, amiguitos y las necesidades básicas.

Con ese estilo de vida me acostumbré a nunca estar en un lugar estable, al cambio constante. Después de haber paseado por toda Bogotá, el irme a vivir a otra ciudad no sería extraño para mí y a los trece o catorce años, no recuerdo bien, nos fuimos a vivir a Mérida Venezuela. ¿A Venezuela?, sí a Venezuela fuí a parar.

La crisis de finales de los años noventa le quitaron el trabajo a mi padre, trabajo que solo encontró allá; la bonanza petrolera que hoy en día todavía se vive de a pocos en el país hermano, nos salvó.

Mérida es una ciudad hermosa, muy pequeña, pero con una identidad tan propia que es inconfundible. Mérida está llena de árboles, de naturaleza, su olor fresco es traído desde los picos de nieve perpetua que la rodean, es alegre, es hospitalaria, es linda, era mi ciudad.

En Mérida viví muchas cosas, conseguí muchos amigos, me nacionalicé venezolano (claro que por necesidad), y conocí una nueva cultura. Definitivamente, creo que mi estadía allá me enriqueció como persona y me dio una visión totalmente distinta de nuestros hermanos Venezolanos; en el fondo, ellos no tienen la culpa de su deschavetado dirigente.

Regresé a Colombia pensando en mi futuro; Mérida podía ser muy bonita pero mi futuro lucia gris, no tenia buen estudio, ni forma de destacarme en lo personal; por eso llegamos a Medellín hace 3 años, aproximadamente. Aquí establecí junto a mi familia, mi nueva vida.

Al principio fue duro. En realidad me adapté mejor a Mérida que a Medellín, pero luego de un tiempo logré llegar a amar esta tierra tal y como lo hacen los paisas.

Luego de acabar el bachillerato en un colegio que me da pena nombrar por su deplorable calidad, cursé un semestre de Arquitectura para luego continuar mis estudios en la carrera de comunicación social en Eafit. Por ahora, puedo decir que estoy feliz, que estoy estudiando lo que me apasiona, que amo esta tierra (a la ciudad, la gente y las mujeres), y que no puedo pedir nada más; solo que Dios me bendiga para poder ser bueno en lo que haga.

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