miércoles, 20 de mayo de 2009

Un domingo para sudar el asfalto

Eran como las diez de la mañana. Ya el sol empezaba a calentar el asfalto y yo con apenas diez pedaladas necesitaba mi primer sorbo de agua. Luego de diez minutos decidí que lo mejor era tomar un descanso que de paso me serviría para disfrutar del momento. Fue espectacular: niños, adultos y ancianos, todos equipados para gozar una buena práctica deportiva. En realidad no importa si tu bicicleta es de carreras, si es propia o es prestada, si tus patines son marca Verducci o si solo sirven para rayar el piso, lo único que interesa es divertirse, correr, saltar, desahogarse de la semana que pasó y tomar fuerzas para la que viene. En conclusión, todos buscan pasar un momento agradable.

Eso fue un domingo cualquiera, uno de esos días que te levantas de un sueño profundo, miras al cielo y ves un océano azul con unas pequeñas manchas blancas que decoran la pintura natural, un día en el que es obligación salir y darse un paseo. Mi compañía eran el casco, los guantes de ciclista, una botella con agua y, por supuesto, la bicicleta. Me enfoqué en recorrer un corto trayecto que no fuera muy empinado ni exigente, esperando que el mal estado físico no afectara mi desempeño como deportista dominical. Con apenas 1,5 kilómetros, el sector comprendido entre La Aguacatala y el centro comercial La Frontera fue el ideal.

Estando ahí, en ese lugar, en ese andén que hervía, entre la tierra y el mugre, pude detallar la escena que pasaba por el frente de mis ojos. Cual película de cine, vi a un niño tratando de aprender a montar en su bicicleta y como su papá lo empujaba para darle seguridad. No faltó la bella chica que corría con su i-pod, el gordito que caminaba para bajar de peso o la pareja que solo buscaba disfrutar de la mañana. De escenario… los árboles, una mínima cantidad de automóviles en la vía contigua a la ciclovía y una brisa ocasional que refrescaba oportunamente.

Poco a poco, la ciclovía había tomado fuerza y con ella empezaban a aparecer los vendedores de refrescos e hidratantes, esenciales para evitar que los deportistas desfallezcan con el calor o el esfuerzo. Tampoco falto el experto en bicicletas que está ahí, a un costado de la vía, generalmente debajo de un gran árbol dispuesto a atender a cuanto personaje se le ofrezca un servicio técnico y así poder seguir con la aventura. Estoy seguro que hace 35 años, cuando se realizó la primera ciclovía en el país, nadie se hubiera imaginado el éxito que tiene hoy en día a nivel nacional e internacional.

Después de diez minutos de descanso y profunda reflexión sobre mi estado físico, emprendí nuevamente mi ejercicio. Decidido a no volver a parar, seguí la rueda de un señor, Antonio Rojas, quien pedaleaba enérgicamente y con muy buen ritmo. El resultado fue… que solo aguanté quince minutos detrás de él. Nuestro amigo parece tener entre 35 y 40 años, de una estatura promedio y bronceado de tanto sol, el de cada domingo. Aunque es delgado, tiene una contextura gruesa y es dueño de dos piernas temibles que realmente hacen pensar que en algún momento debió ser un deportista de alto rendimiento.

Decidí esperarlo a que terminara su recorrido hasta San Diego, el final de la ciclovía que está a 9,2 kilómetros de su inicio en Envigado, diera la vuelta y regresara. Cuando lo vi le hice una seña y paró un momento para que pudiéramos hablar. Hoy en día, a sus cincuenta años, sigue montando en bicicleta, impresionantemente mejor que cualquier joven como yo. “La clave está en llevar un buen estilo de vida. Yo no tomo, no fumo y pretendo acostarme temprano”, eso respondió luego que le preguntara cómo hacía para mantenerse en forma a esa edad.

Para mí, Antonio representa el verdadero espíritu de la ciclovía. Él ya no compite, solo se divierte: “Yo hago deporte porque me mantiene vivo y es la mejor forma de no envejecer antes de tiempo”. Este colombiano hace parte de los miles que todos los domingos se ejercitan en las ciclovías para que sus mentes y sus cuerpos sean más sanos.

Es claro, las ciclovías son un espacio ideal para la salud pública. Es así, como este evento semanal se ha convertido en parte de la identidad de las ciudades colombianas. Actualmente, ha sido modelo de exportación para otras ciudades Latinoamericanas como, por ejemplo: Santiago de Chile, Guadalajara y Quito.

Sólo espero que cada día más personas se animen a asistir a las ciclovías, a que las disfruten, las degusten, las aprovechen, para ser sano, no ser tan perezoso, ganar un bonito bronceado y llenar las calles de sudor, de sonrisas y alegría.

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